
Roberto Menescal y Carlos Lyra pertenecen a la primera generación de la bossa nova. La de esa pandilla de jovenzuelos casi adolescentes que en sus apartamentos de las playas de Ipanema o Copacabana, crearon los ritmos y melodías que fueron la base de este movimiento musical y cultural. Nunca compusieron juntos, cada uno tuvo sus propios parceiros, a veces los mismos. En su juventud compartieron una academia de guitarra, en la que impartían lecciones a las mas hermosas garotas de la clase media carioca, fascinadas hasta derretirse, por los discos de Joao Gilberto, mientras ambos profesores intentaban y a menudo conseguía llevar mucho mas alla de lo meramente académico sus relaciones con ellas. Es verdad que luego hubo desecuentros, porque Lyra llego a representar el enfoque de una bossa concienciada social y politicamente, mientras que Menescal fue y es abanderado de la bossa nova del amor, la sonrrisa y la flor. Hoy en día es difícil saber quien tenía la razón. Lo bien cierto es que Menescal y Lyra siguen siendo buenos amigos y que la producción musical de ambos, constituye, en suma, un parte sustancial de todo el repertorio clásico de la bossa nova. Basta recordar que a la pluma de Lyra se deben melodías como Lobo Bobo, Maria Ninguem, Primavera o Se é Tarde me Perdoa, mientras que Menescal es autor de temas tales como O Barquinho, Voçe, A volta y Rio. Todas ellas melodías maravillosas que verdaderamente constituyen los cimientos del movimiento y encarnan su espíritu y fundamento, todo lo que la Bossa Nova significa. Menescal y Lyra siguen siendo hoy buenos amigos porque a su condición de genios, de mitos de la Bossa Nova, unen la de seres sencillos y asequibles, buenas personas, sin mas.