
Mientras triunfaba en el mundo entero, corrían años difíciles para la bossa nova en el propio Brasil. A principios de los años sesenta, una facción "disidente" de músicos reclamaba nuevas temáticas para la música popular brasileña. Menos sol y playa, menor amor y felicidad y mas preocuparse por el sufrimiento del pueblo, por la voz de la favela y los "sin tierra", clamaban algunos músicaos, que, como Nara Leao, habían sido líderes y abanderados del movimiento Bossa Nova, la del "amor, la sonrrisa, y la flor". Frente a estos rebeldes se alza con sorprendente autoridad la voz del jovencísimo Marcos Valle que, en su tema A resposta, reclama el derecho del pueblo a olvidar su sufrimiento a través de una música que habla de amor y felicidad, pero sobre todo denuncia la hipocresía de aquellos que piden que se se escuche la voz de la favela, mientras viven en apartamentos frente a la playa y hablan de la "tierra", tumbados en la playa de Arpoador. Divertida e ingeniosa composición de un genio de la música brasileña del que hablaremos a menudo en nuestro diario musical carioca. El propio Marcos Valle, poco después desmentía sus propios argumentos en su álbum Viola Enluarada, abordando temáticas mas comprometidas. Pero esa es otra historia.